6 de diciembre de 2008

Tiranía del desborde XXXVII

Si yo conociera los nombres de los huesos, si alguien se hubiese ensañado en enseñarme un poco acerca del sabor de las texturas, si me hubiesen mostrado la diferencia entre una carcajada contenida y un sollozo que se escapa de su arcón, entonces yo sabría definir esta sangre que se amotina en mi entrepierna y puja por mojarte, me atrevería a nombrar mi segunda lengua refugiada en tu boca escondida, a nombrar los tendones que juegan a un desembarco sin nave, hablaría de mis células prófugas, de lo que quiero decir cuando el aliento sólo alcanza para sostener este rito con aroma a despedida que barniza cada encuentro, hablaría de las sombras que tu pulso enciende entre mis cuerdas, de tus caderas magnéticas que dibujan un latido, de estas esquirlas de mí que se dispersan como abejas, como polen, como gases sin anclaje, describiría ese momento en que lo poco que queda de mi cuerpo reclama soledad, y hablaría para decirte que cuando los músculos se rearman y se anudan a sus cabos y a sus olas, soy otro habitante. Soy este océano de líquidos emocionales. Este rehén de la disputa entre el deseo y las palabras.

3 comentarios:

Gustavo Tisocco dijo...

Qué placer leerte Sebastián, excelente texto...
Un abrazo Gus.

Sebastian Barrasa (El Zaiper) dijo...

Es impecable.

Potencia, creatividad, ingenio, ritmo, reflexión (en ambos sentidos)

Poesía en su estado puro

Ansío el nacimiento de tu próximo libro.

Por suerte existen los blogs y podemos leerlos antes

Lydia Raquel Pistagnesi dijo...

Que bello texto. muy buena tu poesia
Te dejo mi huella
Cariñossssss
Lydia Raquel Pistagnesi