Para MLC
Después de tanto error, de tanto escombro, de tanta culpa sin latidos, después de tanta agua sin beber, de tanto no beberé, de tanta arena movediza para un hombre quieto. Después de tanto juramento, de tanto juramento roto, de tanto juramento de romper. Después de tantas cenas en silencio, de tanto teléfono en silencio, de tantos canales sin un barco que atraviese los silencios, después de tanto silencio en los relojes, de tanto silencio en el deseo, de tanto silencio en las guitarras que pasaban. Después de tantas guitarras maldecidas, de tantas guitarras de lujuria maldecida, de tantas guitarras de ternura amurallada. Después de haber renunciado al rocío, al polen y a la miel. Después, cuando todo era moscas y metales y más moscas, cuando los guerreros sólo parpadeaban, cuando los párpados de los guerreros ya ni siquiera llamaban ni al sueño ni a la luz, alguien ofreció la gasa de su piel, la vitamina de su voz, el soplo de su lágrima feliz. Alguien reparó los techos con su abrazo, abrió las ventanas con su abrazo, alguien se llevó la basura, quemó las cartas envenenadas, vació la violencia con su abrazo. Alguien lustró los pisos, perfumó las sábanas, perfumó la mirada, perfumó el futuro. Alguien trajo su placenta, su pasaje, sus caminos, su ambulancia. Alguien barrió las últimas cenizas, desmontó el universo, se apoderó del universo, creó un universo nuevo, me puso el sol en la boca, me puso los verbos en la carne, me puso la pasión en todo el cuerpo, derritió las nieves de la cumbre, me invitó a la cumbre, me acompaña en la cumbre.

