7 de octubre de 2009

Deshielo

Para MLC


Después de tanto error, de tanto escombro, de tanta culpa sin latidos, después de tanta agua sin beber, de tanto no beberé, de tanta arena movediza para un hombre quieto. Después de tanto juramento, de tanto juramento roto, de tanto juramento de romper. Después de tantas cenas en silencio, de tanto teléfono en silencio, de tantos canales sin un barco que atraviese los silencios, después de tanto silencio en los relojes, de tanto silencio en el deseo, de tanto silencio en las guitarras que pasaban. Después de tantas guitarras maldecidas, de tantas guitarras de lujuria maldecida, de tantas guitarras de ternura amurallada. Después de haber renunciado al rocío, al polen y a la miel. Después, cuando todo era moscas y metales y más moscas, cuando los guerreros sólo parpadeaban, cuando los párpados de los guerreros ya ni siquiera llamaban ni al sueño ni a la luz, alguien ofreció la gasa de su piel, la vitamina de su voz, el soplo de su lágrima feliz. Alguien reparó los techos con su abrazo, abrió las ventanas con su abrazo, alguien se llevó la basura, quemó las cartas envenenadas, vació la violencia con su abrazo. Alguien lustró los pisos, perfumó las sábanas, perfumó la mirada, perfumó el futuro. Alguien trajo su placenta, su pasaje, sus caminos, su ambulancia. Alguien barrió las últimas cenizas, desmontó el universo, se apoderó del universo, creó un universo nuevo, me puso el sol en la boca, me puso los verbos en la carne, me puso la pasión en todo el cuerpo, derritió las nieves de la cumbre, me invitó a la cumbre, me acompaña en la cumbre.

31 de agosto de 2009

Presentación de Tiranía del desborde


¡No se me olviden!


Viernes 25 de septiembre de 2009

de 18:00 a 19:30
(tenemos que ser puntuales porque el Tortoni tiene otra actividad programada a las 20:00)

Bodega del Café Tortoni
Avenida de Mayo 825 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Presentación del libro Tiranía del desborde, editado por Vinciguerra.

Se referirá a la obra mi tocayo Osvaldo Rossi.
Dialogará conmigo mi tocayo Sebastián Barrasa.

Los ausentes no serán perdonados.

15 de julio de 2009

Acerca de Amplitudes

Amigos:
A un paso de su publicación, el libro Amplitudes ya no será Amplitudes. Después de unos cuantos días de obsesivas idas y venidas, el título definitivo es Tiranía del desborde. Los poemas del libro que figuran en este blog, incluido el que acabo de publicar, ya tienen el título y la numeración que les corresponde.
¡Colaciónense!

Tiranía del desborde XXXVI

Hay espacios apropiados para lo que no sucede,
hay cuerpos que se asfixian porque no llega el abrazo,
hay madera , hay señales, hay soles que nadie alcanzará.
Y aunque todos los pájaros canten a la vez,
y aunque todas las bocas se derramen en el agua,
algunas pocas cosas tienen su momento.
Un ejército de huecos ametralla lo invencible.

11 de junio de 2009

Creo de Creer, poema V

Y entonces,
sentiste danzar mi cuerpo sobre el tuyo;
surgiste de mis más íntimos himnos, has sido amiga
de mis líquidos y olores.
Fuiste dueña por un siglo de la aspereza de mi cuello
(fuiste cómplice del grito).
Saliste a caminar
por los ocultos algodones de tu sangre,
bebiste de mi sangre, y allá lejos,
tan cerca de los bordes de mi piel,
tan al fondo de tu caja de Pandora,
me regalaste un surco.
El mundo fue tan inmensamente diminuto
que apenas
si cabían nuestros brazos oprimiendo las espaldas.
Dónde estabas, mujer, dónde estaba tu pasado,
dónde guardaste tu miedo,
en qué valijas de la mente escondiste
tus desprecios,
en qué minuto de tu pecho se durmieron
los profetas del engaño.
Dónde estábamos entonces,
cuando aquel latido vio tañer
torpemente mis campanas,
en qué andén de tus piernas se ocultaron
tus silencios.
Dónde estaba el hombre que se escapó
de mis codos
para girar en espiral sobre tus grietas.
Dónde,
dónde estábamos entonces,
dónde estabas entonces, mujer,
cuando estabas conmigo.

28 de mayo de 2009

Creo de Crear, fragmento II

Hay hielo entre mis páginas porque soy discípulo de junio, mes de escarcha y noches gigantescas. Junio me hiere la palabra con cristales de la nieve de su boina. Circulo por sus vías como un empleado jerárquico. Destaco de junio las voces que huelen a manzana, las galerías inciertas, los cuerpos de amor, y los puños de desprecio que abren sus bocas de peces para asilarme y responder a mi plegaria, plegarse a mi camisa o incorporarme en su ciclo. Hay gotas de junio en mi vaso de agua, hay gotas de mí en las nubes de junio, y habrá campanas del infierno en las puertas del invierno cuando llegue sediento y despojado a mendigarle mi porción de pan caliente.


Y corrijo:
No es un caleidoscopio. Es un pájaro herido que se disuelve en la arena y seduce a los gatos de la playa. Su pico, sus plumas, sus alas, modelan los espacios y se vuelven cemento, metal, humo, ciudad, cárcel, basura, traición y desconsuelo. Allí los gatos descubren que el paisaje que esperaban devorar se ha convertido en un volcán que los está tragando, a medida que se alimenta de los jugos de sus propias vísceras. No los está tragando (corrijo), sólo les arranca la fe.

22 de mayo de 2009

Tiranía del desborde XX

Solamente una lágrima.
Nada más que un segundo de impotencia
frente al hermano mayor
que ha nacido perfecto.

9 de mayo de 2009

Desespejos

miro
veo que me mira
cuando me mira se mira y sólo se ve a sí
así
se mira si me mira
nada de mí para él
sólo gestos
vacíos malolientes
vacían malhuelen
cuando me mira
que es cuando se mira
pero sólo se ve a él
a él mismo
a sí mismo
a mismo
a él sí
a él sí que se mira
que se saluda
que se sonríe
sólo piensa en sus miradas
y mientras yo lo veo
nada de él para mí
sólo su sí
su él
su mismo
su patrimonio
su patrimonio de mí
nada de mí en su patrimonio
su patrimonio me usa
pero no me ve
y yo miro
para ver que no me ve
domino los trazos
domino los colores
me asumo
me gano
me soberbio
me endioso
agotado y maloliente
malhuelo y agoto
a sí
así

27 de abril de 2009

Tiranía del desborde LI

Burlémonos del mar obsecuente que se arrastra y se brinda sin reclamar un beso. Riámonos del inconsciente del mar, ese ente que inconsciente se asusta de sus propios fantasmas enterrados bajo mil paladas de agua. Escribamos fábulas acerca de un personaje sombrío que sólo mira hacia afuera, que intenta escaparse de su fuente. Postulemos que el hombre que no se quiere, no quiere. Peguemos carteles en todas las esquinas, que todos sepan que hay alguien, quizás una mujer, que olvida la arrogancia de lo inmenso. Hagamos una, dos, cien caricaturas del nuestro mastodonte que se agita para ver si es cierto que está vivo, que va y viene como quien mendiga un abrazo, que no se planta en su lugar, que no reclama su poder, esa marioneta impresentable que cada vez tiene más sed de una caricia maternal, y gritemos qué inocente que es el mar que confía en nuestra máscara, qué mal que baila, qué asimétrico, qué rústico, qué inseguro que es el mar. Y alejémonos con ironías bien pulidas. Y cuando no pueda oírnos, digamos orgullosos que si nosotros fuéramos el mar, pobre la arena, pobre la tierra, pobre el aire, que si nosotros fuéramos ya no el mar sino una ola del mar, pobre el pescador, que se cuiden los botes y las islas, que si fuéramos ya no una ola del mar, que si apenas fuéramos la espuma de una ola, ahí sí que seríamos temibles, que con sólo blandir una burbuja todas las rodillas clamarían piedad y todas las alas se batirían en fuga. Y volvamos a la orilla, amenacemos al mar con fina inteligencia, mintamos, traicionemos, humillemos al mar, robemos los tesoros, vaciemos los músculos del mar, quitémosle todo. Hagamos una hoguera con la historia del mar. Y echémosle la culpa.

13 de abril de 2009

Tiranía del desborde LIII

Cuerdas que sostienen el cielo para que nadie baje del cielo. Cuerdas de los vientos que alguna vez señalaron el rumbo hacia adentro. Cuerdas que se ensanchan con cada golpe de error. Material de cárceles. Material de sueños desprolijos. Material de mañanas que no huelen a futuro. Membranas que rompen el agua. Membranas aturdidas. Membranas. El primer final. Diapasones escapados del reloj. Saliva escondida en el reloj. Distancia sacudida en los relojes. Alturas. Vértigo de alturas. Asco de alturas indecisas. La piel. La cicatriz. El último inicio. Los límites perdidos. Un lugar para el después.

6 de diciembre de 2008

Tiranía del desborde XXXVII

Si yo conociera los nombres de los huesos, si alguien se hubiese ensañado en enseñarme un poco acerca del sabor de las texturas, si me hubiesen mostrado la diferencia entre una carcajada contenida y un sollozo que se escapa de su arcón, entonces yo sabría definir esta sangre que se amotina en mi entrepierna y puja por mojarte, me atrevería a nombrar mi segunda lengua refugiada en tu boca escondida, a nombrar los tendones que juegan a un desembarco sin nave, hablaría de mis células prófugas, de lo que quiero decir cuando el aliento sólo alcanza para sostener este rito con aroma a despedida que barniza cada encuentro, hablaría de las sombras que tu pulso enciende entre mis cuerdas, de tus caderas magnéticas que dibujan un latido, de estas esquirlas de mí que se dispersan como abejas, como polen, como gases sin anclaje, describiría ese momento en que lo poco que queda de mi cuerpo reclama soledad, y hablaría para decirte que cuando los músculos se rearman y se anudan a sus cabos y a sus olas, soy otro habitante. Soy este océano de líquidos emocionales. Este rehén de la disputa entre el deseo y las palabras.